Kinga Głyk

La última sensación del jazz en femenino

Una improvisadora tan fecunda que, cuando lanza el discurso, siempre parece una evidencia, aunque se conozca la complejidad que, en realidad, esconde.

14 de noviembre 2018

19 h

Público
General
Información práctica
Aviso importante

En las filas de la 1 a la 8, los asientos son sillas. A partir de la fila 9 (incluida), los asientos son butacas.

Precio
15 € / Reducida: 13€

El jazz de países diferentes a los EE.UU. circula cada vez más a menudo con un flujo abundante y variado. Una buena muestra de este interés por las músicas de cualquier latitud fue la última edición de JAZZMADRID. Por su programa pasaron artistas tunecinos, griegos, etíopes y de la isla Guadalupe. La conexión de la bajista polaca Kinga Glyk con el jazz tiene menos recorrido, más que nada por su juventud -poco más de veinte años-, si bien su origen está en su padre, el baterista y vibrafonista Irek Glyk.

Kinga posee unas virtudes rítmicas y armónicas estimuladas por el interés por todas esas expresiones populares iniciadas por Jaco Pastorius y Stan Clarke. Y hay, además, un plus de rítmica funk que la artista resuelve con intención renovadora. Buenos músicos arman la estructura de su actual proyecto cuya manifestación fonográfica -la tercera en su carrera- contiene un muestrario muy vistoso de la variada propuesta que es capaz de desarrollar.

En los conciertos, la pegada de los dedos de Kinga sobre las cuerdas es profunda, certera y natural. Las filigranas le salen como fragmentos de su interior. Es una improvisadora tan fecunda que, cuando lanza el discurso, siempre parece una evidencia, aunque se conozca la complejidad que, en realidad, esconde.

Finalizado
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